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Meloncillo
Herpestes ichneumon

Descripción

Meloncillo desplazándose sobre la arena
Meloncillo desplazándose sobre la arena
El meloncillo, representado en la Península Ibérica por la subespecie Herpestes ichneumon widdringtonii, es la única mangosta europea. Es fácil de reconocer por su cuerpo alargado y paticorto y su cabeza fina, así como por su larga cola, que puede llegar a medir hasta 45 cm, ancha en su arranque y rematada en un mechón negro.

Su cuerpo, de 51 a 55 cm de largo y 19 a 21 cm de altura en la cruz, está cubierto de un pelo negro con las puntas en amarillo cremoso, o pardo con la punta en gris plateado, lo que le da un aspecto jaspeado. Los machos son algo mayores que las hembras. El peso del meloncillo está entre 2,5 y 3,5 kg.

Sus pezuñas tienen cinco dedos con uñas que no son retráctiles.

Su cabeza es pequeña, puntiaguda y estrecha; no más ancha que el cuello. De ella sobresalen ligeramente sus orejas, cortas y anchas. Pero lo que más llama la atención son sus ojos, de color más bien claro y con una pupila horizontal, rasgo excepcional entre los carnívoros, que le confiere una mirada inquietante.

Hábitat y distribución

Meloncillo huyendo a través de un sembrado
Foto: Jorge Martínez Chacón
Meloncillo huyendo a través de un sembrado
Su origen es africano. Ocupa el suroeste de la Península, siendo abundante sobre todo en el Algarve, Sierra Morena, Doñana y las serranías de Cádiz y Málaga. Actualmente está experimentando una ligera tendencia expansiva quizás favorecido por la densificación del matorral; se han localizado individuos en los Arribes del Duero.

Su hábitat típico es el monte bajo mediterráneo con encinas y alcornoques. En las zonas de cultivo se refugia en los sotos e islas de fresnos, adelfas y zarzas. También puede estar presente en bosques fluviales.

Aunque se sospecha que la salud de sus poblaciones puede estar amenazada, a veces es presa de los cazadores furtivos, que lo ven como un competidor en la caza del conejo.

Reproducción

El celo del meloncillo tiene lugar a alturas variables de la primavera. La gestación dura unos tres meses, después de la cual las camadas, de entre dos y cuatro crías, nacen principalmente en verano.

Las crías permanecen con la madre alrededor de un año, durante el cual la siguen caminando en fila india, pegados unos a otros, con el morro bajo la cola del individuo que le precede. Su aspecto de gran serpiente peluda ha podido ser el origen de varias leyendas del sur peninsular.

Alimentación y costumbres

Meloncillo con una presa en la boca
El meloncillo es el carnívoro español más diurno; de hecho, apenas sale por la noche, ya que disfruta de 15 horas ininterrumpidas de descanso. Sus momentos de mayor actividad son un poco antes del mediodía y hacia la media tarde.

Su andar es desgarbado, reptiliano, sin apreciarse las cortas patas. Sus extremidades delanteras son bastante fuertes, lo que le permiten hacer marchas relativamente largas y, sobre todo, excavar con bastante pericia, ayudado por sus robustas uñas. Esto le permite adaptar antiguas madrigueras de conejos o incluso de tejones para usarlas como dormideros; también así cazan los gazapos que les sirven de alimento principal.

Además de estos jóvenes conejos, también se alimentan de reptiles, y no le hacen ascos a los micromamíferos e insectos que sean capaces de capturar.

A su vez, sirven de alimento al lince, cuya predación sobre el meloncillo ha sido constatada en Doñana.

Sus huellas son semiplantígradas, de unos 3,5 cm de largo por 3 cm de ancho. En tierra blanda marcan los cinco dedos con sus correspondientes uñas, pero en sustratos duros el quinto dedo desaparece. En suelos arenosos además dejan tras de sí la estela de su larga cola.

Sus deyecciones son alargadas, cilíndricas y con estrangulaciones. Miden entre 10 y 15 cm de largo y son de color negruzco o grisáceo oscuro por contener pelo de conejo. Al secar quedan brillantes. Suelen estar depositadas en letrinas familiares en cruces de sendas y cerca de zarzas.

Aunque no son individuos estrictamente solitarios, tampoco son gregarios. Pasan las noches en familia en las madrigueras, pero cuando salen durante el día el grupo se desperdiga.

Mientras que los machos son territoriales, las hembras solapan sus áreas de campeo entre sí.

En cuanto a las formaciones reproductoras, son bastante variables. Algunos machos comparten su territorio con una sola hembra, pero otros pueden tener hasta cuatro o cinco hembras distribuidas por su zona de control.

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