Su vuelo es algo oscilante, recordando al vuelo de los milanos. Se pasa casi todo el día volando, nada más que se levanta el viento, planeando a bastante altura.
Sus pies poderosos y amplios, dotados de fuertes garras, acreditan al águila calzada como auténtica águila, con la característica especial de sus calzas, que le dan el nombre.
Habita en campiñas con bosques, campos y monte bajo.
En septiembre u octubre, estas aves abandonan su territorio de cría, trasladándose a las sabanas de África.
Las águilas calzadas incuban en los árboles, ponen dos huevos a finales de abril o a principios de mayo, los incuban unos 30 días, pudendo el macho sustituir a la hembra en esta misión durante breves intervalos.
A pesar de poner sólo dos huevos, raramente llegan los dos pequeños a la edad adulta.
Con unos 35 días el pequeño empieza con sus intentonas de vuelo. Su plumaje es completo a los 45 días. Vuela ya a los 55, generalmente a finales de agosto.
Caza en el suelo y en el aire. Captura desde lagartos hasta conejos, además de aves menores, hasta el tamaño de la codorniz.
A otras rapaces las expulsa de su territorio en luchas aéreas llevadas con virtuosismo, siendo su territorio tan grande que no resulta fácil ver al águila que lo controla.